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Cuentan en el pueblo que, cada 31 de octubre, cuando cae la noche y las últimas hojas del otoño empiezan a cubrir los caminos, aparece una luz en el sendero viejo que lleva hasta el bosque.

Es un farol antiguo.

Nadie sabe quién lo enciende.

Y, según la leyenda, quien lo sigue… no vuelve.

Eso era lo que decían los mayores.

Por eso, la noche de Halloween, casi todos evitaban pasar por aquel camino.

Todos menos Mateo, Inés y Bruno.

Los tres llevaban años escuchando aquella historia y estaban convencidos de que alguien exageraba.

—Seguro que es una broma —dijo Bruno.

—O una lámpara que alguien deja allí —añadió Inés.

Mateo miró el comienzo del camino.

Entre los árboles se veía una pequeña luz amarilla.

—Pues esta noche vamos a descubrirlo.

Los tres habían quedado después de cenar.

Llevaban linternas, chaquetas y una bolsa de galletas que la madre de Inés les había preparado.

El sendero estaba cubierto de hojas secas.

Cada paso hacía:

crac, crac, crac.

A medida que avanzaban, las luces del pueblo quedaban más lejos.

El farol seguía allí.

Esperándolos.

—¿Y si la historia es verdad? —preguntó Bruno.

—No lo es —respondió Mateo.

Aunque lo dijo un poco más bajo que antes.

Siguieron caminando.

El farol parecía alejarse cada vez que se acercaban.

No demasiado.

Solo unos metros.

Lo suficiente para que tuvieran que continuar.

—Eso sí es raro —dijo Inés.

Los tres se detuvieron.

La luz volvió a quedarse quieta.

Durante unos segundos no se oyó nada.

Ni coches.

Ni voces.

Solo las hojas moviéndose con el viento.

Entonces el farol avanzó otra vez.

—Nos está guiando —susurró Bruno.

Mateo tragó saliva.

—O alguien lo está moviendo.

Decidieron seguirlo.

El camino empezó a hacerse más estrecho.

Los árboles estaban tan juntos que sus ramas formaban un techo oscuro sobre ellos.

De pronto, Inés señaló el suelo.

—Mirad.

Había unas huellas.

No eran de animal.

Eran marcas de botas.

—Alguien ha pasado por aquí —dijo.

El farol volvió a moverse.

Los tres aceleraron.

Giraron una curva.

Después otra.

Hasta que el sendero terminó en una pequeña caseta de madera.

Delante había varios faroles antiguos colgados de una cuerda.

Algunos estaban encendidos.

Otros esperaban apagados.

Y junto a ellos había un hombre muy mayor con una bufanda enorme y un abrigo marrón.

Los tres se quedaron inmóviles.

El anciano levantó la cabeza.

—Vaya —dijo—. Este año habéis llegado pronto.

Bruno dio un paso atrás.

—¿Usted… usted es el del farol?

—Eso parece.

—¿Y por qué nos ha traído hasta aquí?

El anciano frunció el ceño.

—¿Traeros?

Miró el farol que colgaba de una vara larga que llevaba en la mano.

Entonces soltó una carcajada.

—Ah. Ya entiendo.

Los niños se miraron.

El hombre señaló el camino.

—Yo no uso el farol para traer gente hasta aquí.

—Pero la leyenda dice que quien lo sigue no vuelve —dijo Mateo.

—La leyenda está contada al revés.

Los tres guardaron silencio.

El anciano se sentó en un pequeño banco frente a la caseta.

—Hace muchos años, este camino era la única forma de regresar al pueblo desde las granjas y los campos de la zona. Cuando llegaba el otoño anochecía muy pronto, y era fácil confundirse entre los senderos.

Señaló los faroles.

—Mi abuelo empezó a encender luces para que todo el mundo supiera cuál era el camino correcto.

—¿Y usted sigue haciéndolo? —preguntó Inés.

—Cada 31 de octubre.

—¿Por qué precisamente hoy?

El anciano sonrió.

—Porque Halloween siempre ha sido la noche en la que más gente se despista.

Bruno miró a sus amigos.

—Entonces… ¿nadie desapareció?

—Claro que no.

El hombre se levantó.

—Quien sigue el farol siempre vuelve.

Cogió uno de los faroles y comenzó a caminar.

—Venid.

Los niños lo siguieron.

Esta vez la luz no parecía extraña.

Parecía cálida.

Segura.

Al llegar a una bifurcación, el anciano colocó el farol sobre un pequeño poste.

Desde allí podía verse a lo lejos la torre de la iglesia del pueblo.

—Ese farol estará aquí hasta el amanecer —explicó—. Si alguien se pierde, solo tiene que seguir la luz.

Mateo sonrió.

—Así que la leyenda era cierta.

Bruno abrió mucho los ojos.

—¿Cómo que cierta?

Mateo señaló el farol.

—Solo que la llevábamos contando mal.

Inés se rio.

Los tres regresaron al pueblo acompañados por el anciano.

Cuando llegaron a las primeras casas, miraron hacia atrás.

La pequeña luz seguía brillando entre los árboles.

Desde aquella noche, Mateo, Inés y Bruno dejaron de decir que el farol del camino viejo hacía desaparecer a la gente.

Empezaron a contar otra historia.

La verdadera.

Cada 31 de octubre, un farol aparece en el camino viejo.

Y si alguna vez te pierdes durante la noche de Halloween…

no tengas miedo de seguirlo.

Porque aquella luz no te lleva lejos de casa.

Te enseña cómo volver.

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Cuentan en el pueblo que cada 31 de octubre aparece un farol encendido en el camino viejo.

La leyenda decía que quien lo seguía no volvía.

Mateo, Inés y Bruno decidieron descubrir si era verdad.

Una noche de Halloween entraron en el sendero.

El farol parecía moverse delante de ellos.

Cada vez que se acercaban, avanzaba unos metros más.

Los tres empezaron a ponerse nerviosos, pero continuaron siguiéndolo.

Después de varias curvas llegaron hasta una pequeña caseta.

Allí encontraron a un anciano rodeado de faroles.

—¿Usted es quien enciende esa luz? —preguntaron.

El hombre explicó que su familia llevaba muchos años colocando faroles en el camino.

En otoño anochecía pronto y algunas personas se perdían al regresar al pueblo.

Por eso encendían las luces.

—La leyenda está contada al revés —les explicó.

El farol no hacía desaparecer a nadie.

Servía para que las personas perdidas encontraran el camino de vuelta.

El anciano acompañó a los niños hasta una bifurcación y colocó allí uno de sus faroles.

A lo lejos podía verse el pueblo.

Entonces los tres comprendieron la verdad.

Desde aquella noche empezaron a contar una nueva versión de la leyenda.

Cada Halloween aparece un farol en el camino viejo.

Y quien lo sigue no desaparece.

Encuentra el camino de regreso a casa.

Preguntas de comprensión

  1. ¿Qué decía la antigua leyenda sobre el farol?
  2. ¿Quién encendía realmente los faroles del camino?
  3. ¿Por qué la leyenda estaba contada al revés?

Más valentía en El campesino valiente.

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