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Olivia era una brujita pequeña con un sombrero enorme, unas botas moradas y una escoba que todavía no sabía aparcar muy bien.

Aquella noche iba a celebrar su primer Halloween.

—¡Hoy voy a ser una bruja de verdad! —dijo muy contenta.

Olivia había oído que las brujas de Halloween tenían que asustar un poquito.

Así que practicó delante del espejo.

Puso cara seria.

Levantó las manos.

Respiró hondo.

—¡Buuu!…

Pero entonces:

—¡Ja, ja, ja!

Olivia empezó a reírse.

Lo intentó otra vez.

—¡Buuu!… ¡ja, ja, ja!

Cuanto más quería parecer seria, más risa le entraba.

Aun así, salió al bosque decidida a practicar.

El primero que encontró fue un pequeño erizo.

Olivia se escondió detrás de un árbol.

Saltó delante de él y gritó:

—¡Buuu!…

—¡Ja, ja, ja!

El erizo la miró sorprendido.

Después empezó a reírse también.

—¡Ji, ji, ji!

—¡No vale! —dijo Olivia entre carcajadas—. ¡Tenías que sorprenderte!

Siguió caminando.

Un poco más adelante encontró un conejo.

Olivia levantó su capa.

—Ahora sí.

Dio un pequeño salto.

—¡Buuu!…

—¡Ja, ja, ja!

El conejo movió las orejas.

Y comenzó a reír.

—¡Jo, jo, jo!

Olivia ya no podía parar.

Entonces apareció un búho.

—Esta vez lo conseguiré —susurró.

Se puso detrás de una calabaza.

Esperó.

Y cuando el búho pasó cerca…

—¡Buuu!…

Olivia intentó aguantar.

Un segundo.

Dos segundos.

—¡JA, JA, JA!

El búho abrió mucho los ojos.

Después soltó una risita.

—¡Uh, uh, uh!

El erizo regresó.

También el conejo.

Luego llegaron una ardilla, dos ratoncitos y hasta una pequeña mariposa nocturna.

Todos querían seguir a la brujita que hacía reír.

Olivia caminaba por el bosque mientras intentaba una y otra vez:

—¡Buuu!… ¡ja, ja, ja!

Y todos respondían:

—¡Ja, ja, ja!

Pronto el bosque entero estaba lleno de risas.

Olivia miró a sus nuevos amigos.

Nadie estaba asustado.

Todos estaban felices.

Entonces comprendió que quizá no necesitaba ser una bruja que diera miedo.

Podía ser la brujita que hacía reír.

Aquella fue su primera noche de Halloween.

Y también fue la más divertida.

Desde entonces, cuando llega octubre, Olivia prepara su sombrero, su escoba y su mejor cara seria.

Aunque sabe perfectamente lo que ocurrirá después:

—¡Buuu!…

—¡JA, JA, JA!

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Olivia era una brujita pequeña con un sombrero enorme y unas botas moradas.

Aquella noche iba a celebrar su primer Halloween.

Olivia quería aprender a sorprender a los demás.

Se puso delante del espejo y practicó.

—¡Buuu!…

Pero enseguida empezó a reír.

—¡Ja, ja, ja!

En el bosque encontró a un erizo.

Olivia saltó delante de él.

—¡Buuu!… ¡ja, ja, ja!

El erizo comenzó a reír también.

Después encontró un conejo.

—¡Buuu!… ¡ja, ja, ja!

El conejo también se rio.

Más tarde apareció un búho.

Olivia intentó poner su cara más seria.

—¡Buuu!…

Aguantó un momento.

Pero no pudo evitarlo.

—¡Ja, ja, ja!

El búho empezó a reír.

Pronto llegaron más animales.

Todos querían acompañar a Olivia.

La brujita caminaba por el bosque diciendo:

—¡Buuu!… ¡ja, ja, ja!

Y los animales respondían:

—¡Ja, ja, ja!

Olivia miró a todos sus nuevos amigos.

Nadie estaba asustado.

Todos estaban felices.

Entonces descubrió que no tenía que ser una bruja que diera miedo.

Podía ser la brujita que hacía reír.

Desde aquel día, cada Halloween, Olivia intenta poner cara seria.

Pero siempre ocurre lo mismo:

—¡Buuu!…

—¡Ja, ja, ja!

Preguntas de comprensión

  1. ¿Qué le ocurría a Olivia cada vez que intentaba decir «¡buuu!»?
  2. ¿Qué animales empezaron a seguir a la brujita?
  3. ¿Qué descubrió Olivia al final de la noche?

Otra brujita simpática: La bruja del bosque encantado.

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