Cuento Emily, la niña sin magia
En un planeta de cielos color lavanda vivía una niña llamada Emily. Cada tarde, cuando el sol se escondía, las ventanas se encendían con pequeñas luces de magia.
Había quienes dibujaban estrellas en el aire y quienes conseguían que las flores cantaran bajito. Emily todavía no había descubierto cómo hacer aquellas cosas.
A veces extendía las manos y esperaba una chispa. Luego otra. Pero solo sentía el aire fresco entre los dedos.
—Quizá mis chispas estén dormidas —decía.
Su madre le acariciaba el pelo.
—Puedes tomarte tu tiempo, cariño.
Emily disfrutaba haciendo muchas otras cosas. Sabía encontrar botones perdidos, cuidar las plantas y escuchar a quien necesitaba compañía. También construía barquitos de papel que navegaban estupendamente en los charcos.
Una tarde, el pueblo preparó la Fiesta de las Buenas Noches. Cada familia llevaría una lucecita al jardín para despedir el día.
Emily quiso participar.
—¿Puedo ir a preparar algo con la abuela? —preguntó.
—Claro. Os esperaremos junto a la fuente.
En casa de la abuela olía a pan recién hecho. Sobre la mesa había papeles de colores, cintas y una cajita de madera.
—Aquí guardo cosas que esperan una segunda aventura —explicó la abuela.
Emily encontró una campanilla sin badajo, un carrete vacío y una pequeña estrella de madera.
—Con esto haré un farol.
Trabajaron juntas hasta que el papel azul tomó la forma de una casita. Emily dejó unas ventanitas redondas y colgó la estrella de la entrada.
Era precioso. Solo le faltaba la luz.
La abuela buscó una lamparita en un cajón. Mientras tanto, Emily levantó la estrella de madera como si fuera una varita.
—¡Lunabrisa! —susurró.
La palabra le hizo cosquillas en la boca.
Esperó un momento.
El farol siguió apagado.
Emily bajó la mano y dejó escapar un suspiro.
—Me habría gustado encenderlo yo.
La abuela se sentó a su lado.
—Lo has construido tú. Mira qué ventanas tan bonitas. Vamos a ponerle esta lucecita y veremos cómo queda.
Dentro de la casita apareció un resplandor dorado. Por sus ventanas salieron pequeños círculos de luz que se posaron sobre la mesa.
Emily sonrió y llevó el farol al jardín, sujetándolo con las dos manos.
Allí las luces flotaban entre los árboles como pompas de jabón. Algunas eran verdes; otras, rosas. Una parecía una luna diminuta.
Entonces oyeron un suave lloriqueo junto a la fuente.
Era Tomi, el vecino más pequeño. Su lucecita se había apagado y no conseguía encenderla de nuevo.
Emily se agachó a su lado.
—Podemos llevar mi farol entre los dos.
Tomi miró las ventanas redondas.
—¿De verdad?
—Claro. Tú sujetas esta cinta y yo la otra.
Caminaron despacito por el sendero. La casita azul se balanceaba entre ambos y sus círculos dorados saltaban de piedra en piedra.
—Parece que nos enseña el camino —dijo Tomi.
Emily levantó un dedo y susurró su palabra nueva:
—Lunabrisa.
Una brisa suave movió las hojas. Tomi soltó una risita.
Pronto llegaron otros niños. Se sentaron alrededor del farol y buscaron figuras en las sombras: un conejo de orejas largas, una tortuga, un dragón con sueño.
Emily hizo un pájaro con las manos. Su sombra abrió las alas sobre el papel azul.
Cuando llegó la hora de volver, Tomi ya bostezaba en brazos de su padre. Se despidió moviendo los dedos.
—Hasta mañana, Emily. Hasta mañana, casita.
Aquella noche, Emily dejó el farol junto a su cama. Su madre la arropó y escuchó la historia de las sombras, las cintas y el pequeño dragón dormilón.
—Mañana podríamos hacer otro —murmuró Emily—. Uno verde, para Tomi.
—Mañana —respondió su madre, y le dio un beso.
Emily contempló un momento las ventanas doradas. Después cerró los ojos.
—Lunabrisa —susurró por última vez.
Su madre apagó la lamparita. La luna dejó una franja plateada sobre la manta y, poco a poco, la habitación quedó en silencio.
Emily ya dormía. En su sueño, dos barquitos de papel navegaban despacio por un cielo lleno de estrellas.
Fin.
Imagen gratuita para colorear
Imprímela en un folio (A4) y coloréala después de leer el cuento.

Versión para imprimir
El cuento en PDF, listo para imprimir, con las preguntas de comprensión.
Más cuentos para leer
Cuento El Gol que Cambió el Mundo
Cuento: El Gol que Cambió el Mundo Había una vez una niña llamada Sara en la soleada ciudad…
Cuento El Dragón que Soñaba con Volar
En un lejano valle rodeado de altas montañas, vivía un pequeño dragón llamado Drako. Drako era diferente a…
Cuento Carlota y el gato sin pelo
Esta es la historia de una niña llamada Carlota, que quería adoptar una mascota pero no sabía cuál.…
Cuento La oveja que escapó del sueño
Esta es la historia de una oveja llamada Oveja, que vivía en el sueño de un niño llamado…
Cuento La vaca que quería ser modista
Esta es la historia de una vaca llamada Vaca, que vivía en una granja con otras vacas. Su…
Cuento El robot que soñaba con hornear
Esta es la historia de un robot llamado R-0-B, que vivía en un planeta lejano donde todos los…
Cuento Nana, la Fresa que Soñaba con el Cielo
Había una vez, en un pequeño rincón de un jardín mágico, una fresa muy especial llamada Nana. Nana…
Cuento Nubes de Chocolate
Había una vez un lugar mágico y lejano llamado Dulceterra, donde las nubes eran diferentes a todas las…
Cuento Las Aventuras de Oli el Osito y Lila la Corderita
Había una vez, en un prado rodeado de altos árboles y flores de colores brillantes, dos amigos muy…










