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Cuento: Nana, la Fresa que Soñaba con el Cielo

Había una vez, en un pequeño rincón de un jardín mágico, una fresa muy especial llamada Nana. Nana no era una fresa común, porque Nana tenía un sueño extraordinario: quería conocer el cielo. No importaba que fuera solo una fruta madura y roja; su deseo de volar y tocar las nubes era más grande que cualquier cosa.

Todas las noches, Nana se acostaba bajo la luz de la luna, mirando hacia arriba con sus pequeños ojos brillantes y soñando con lo que encontraría en el cielo. Imaginaba a las nubes como suaves almohadas de algodón y a las estrellas como diamantes centelleantes. Anhelaba la sensación de libertad que solo el cielo podía brindar.

Sin embargo, Nana sabía que las fresas no podían volar, y mucho menos tocar el cielo. Pero eso no detenía su imaginación ni su deseo de hacerlo. Entonces, todas las noches, Nana cantaba una dulce nana al viento, esperando que sus palabras fueran llevadas lejos, más allá de las hojas y las ramas del jardín, hasta alcanzar el mismísimo cielo.

“Estrellitas doradas, nubes de algodón, en mi corazón, vive una canción. Sueño con tocar el cielo azul y sereno, volar como un pájaro, ser libre y pleno.”

Su voz, aunque pequeña, era pura magia. Las noches en el jardín se llenaban con su canto, y los otros frutos y animales del lugar se acurrucaban para escucharla. Pero, sobre todo, el viento llevaba su melodía hacia el cielo, donde las nubes y las estrellas también la oían.

Un día, mientras Nana cantaba su nana bajo el sol brillante, una mariposa curiosa llamada Marisa la escuchó. Marisa era una mariposa de colores brillantes que amaba explorar el jardín en busca de aventuras. Su curiosidad la llevó a seguir la melodía hasta donde Nana estaba.

    • ¡Hola, Nana! -dijo Marisa mientras aterrizaba en una hoja cercana-. Tu canción es hermosa. ¿Por qué cantas al viento de esta manera?

Nana sonrió y le contó a Marisa sobre su sueño de tocar el cielo. Le explicó cómo las fresas no podían volar y cómo su nana era su forma de expresar ese deseo profundo.

    • ¡Qué hermoso sueño tienes, Nana! -exclamó Marisa-. Yo puedo volar y explorar el jardín, pero nunca he visto el cielo de cerca. ¿Te gustaría venir conmigo y ver si podemos hacer tu sueño realidad?

Nana no podía creer sus oídos. ¿Realmente había una posibilidad de que su sueño se hiciera realidad? Asintió con entusiasmo y aceptó la invitación de Marisa.

Las dos amigas comenzaron su emocionante aventura. Marisa llevó a Nana a través de un viaje a través de las hojas verdes del jardín, subiendo más y más alto. Finalmente, llegaron a una rama que se extendía hacia el cielo. Nana tembló de emoción y miedo, pero Marisa le dio ánimo.

    • Vamos, Nana, juntas podemos llegar al cielo. Solo tienes que creer.

Con esfuerzo y determinación, Nana y Marisa se lanzaron desde la rama y subieron al cielo. Nana sintió la brisa en su piel y la emoción de estar más cerca de su sueño que nunca. Mientras ascendían, las nubes se acercaban lentamente, y Nana pudo tocarlas con la punta de su pequeño tallo.

    • ¡Lo hicimos, Nana! -exclamó Marisa-. Estás tocando las nubes. Tu sueño se está haciendo realidad.

Nana se rió de alegría y admiración. Se sentía como si estuviera flotando en un mundo mágico, rodeada de nubes esponjosas y cálidas. Era un lugar donde los sueños se hacían realidad.

Pero, como en todas las aventuras, llegó el momento de regresar a casa. Marisa y Nana descendieron con cuidado y volvieron al jardín. Aunque Nana no pudo quedarse en el cielo para siempre, su corazón estaba lleno de gratitud por la oportunidad que había tenido.

Desde aquel día, Nana siguió cantando su nana al viento, pero ahora con una nueva melodía. Su canción era una mezcla de alegría, esperanza y gratitud por haber tocado las nubes y haber vivido su sueño. Cada noche, su nana llegaba al cielo, donde las nubes y las estrellas la escuchaban con alegría y respondían con un brillo especial.

Y así, Nana, la fresa que soñaba con el cielo, continuó viviendo su vida en el jardín mágico, compartiendo su historia con todos los demás frutos y animales. A través de su sueño y su canción, enseñó a todos que los sueños pueden hacerse realidad, incluso para una pequeña fresa en un jardín encantado. Y mientras el jardín dormía bajo la luz de la luna, la nana de Nana llenaba los corazones de todos con magia y dulces sueños.