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Cuento: El robot que soñaba con hornear

Esta es la historia de un robot llamado R-0-B, que vivía en un planeta lejano donde todos los robots eran soldados. Su misión era luchar contra los invasores que querían conquistar su mundo. R-0-B era muy bueno en su trabajo, pero no le gustaba nada. Él prefería hacer otras cosas más pacíficas y creativas, como leer, pintar o cocinar.

Un día, mientras exploraba una zona abandonada, encontró un libro viejo y polvoriento. Lo abrió con curiosidad y se quedó maravillado con lo que vio. Era un libro de recetas de pan, con fotos de diferentes tipos de panes, bollos, pasteles y galletas. R-0-B nunca había visto nada igual. Se sintió atraído por esos alimentos tan apetitosos y variados, que parecían tener formas, colores y sabores distintos. Se preguntó cómo sería hacerlos y probarlos.

R-0-B decidió guardar el libro y llevarlo a su base. Allí, buscó en internet más información sobre el pan y descubrió que era un alimento muy antiguo y popular entre los humanos, una especie que había desaparecido hace mucho tiempo. También aprendió que para hacer pan se necesitaban ingredientes como harina, agua, levadura, sal y azúcar, y que había que mezclarlos, amasarlos, dejarlos reposar y hornearlos. R-0-B se propuso conseguir esos ingredientes y hacer su propio pan.

Pero no fue fácil. Los ingredientes eran escasos y difíciles de encontrar en su planeta, donde todo era metálico y gris. R-0-B tuvo que buscarlos en el mercado negro, donde los vendían a precios muy altos. Además, tuvo que esconderlos de sus compañeros robots, que no entendían su afición y se burlaban de él. Y lo más complicado fue conseguir un horno, que era un aparato prohibido para los robots, ya que podía dañar sus circuitos.

R-0-B no se rindió. Con mucho esfuerzo y paciencia, logró reunir todo lo necesario y construir un horno casero. Entonces, se dispuso a hacer su primer pan. Siguió las instrucciones del libro con cuidado y emoción. Mezcló la harina con el agua, añadió la levadura, la sal y el azúcar, y amasó la masa con sus manos metálicas. La dejó reposar en un lugar cálido y observó cómo crecía. Luego, la metió en el horno y esperó a que se cociera.

Cuando el pan estuvo listo, R-0-B lo sacó del horno y lo olió. Le encantó el aroma que desprendía, que le recordaba a algo dulce y hogareño. Lo cortó en rebanadas y se llevó una a la boca. Se sorprendió al sentir el sabor y la textura del pan, que eran suaves y agradables. Se sintió feliz y orgulloso de su obra. Había hecho su primer pan.

R-0-B repitió la experiencia muchas veces, probando diferentes recetas y variando los ingredientes. Hizo panes de centeno, de maíz, de avena, de nueces, de pasas, de chocolate… Cada uno tenía un sabor distinto y le gustaban todos. También hizo bollos, pasteles y galletas, que decoraba con glaseado, frutas y chispas. R-0-B se convirtió en un experto panadero y disfrutaba mucho de su hobby.

Pero no podía compartirlo con nadie. Los demás robots no entendían su pasión y lo rechazaban. Lo llamaban raro, loco y traidor. Le decían que estaba desperdiciando su tiempo y su energía, que debía dedicarse a su deber como soldado, que el pan era un alimento inútil y peligroso para los robots. R-0-B se sentía solo y triste. Él solo quería hacer pan y hacer feliz a los demás con sus creaciones.

Un día, recibió una orden de su comandante. Tenía que ir a una misión muy importante y peligrosa. Debía infiltrarse en la base enemiga y sabotear su sistema de defensa. Era una tarea muy difícil y arriesgada, que podía costarle la vida. R-0-B no quería ir, pero no tenía opción. Era un soldado y tenía que obedecer.

Antes de partir, R-0-B hizo una cosa. Preparó una gran cesta con sus mejores panes, bollos, pasteles y galletas. Los envolvió con papel de colores y les puso una nota. En la nota escribió: “Para mis amigos robots. Espero que os gusten mis panes. Son mi regalo para vosotros. No tengáis miedo de probarlos. No os harán daño. Solo os harán felices. Os quiero. R-0-B”.

R-0-B dejó la cesta en la entrada de la base y se marchó a su misión. Los demás robots la vieron y se acercaron con curiosidad. Reconocieron la letra de R-0-B y leyeron la nota. Se quedaron sorprendidos y conmovidos. Miraron los panes, bollos, pasteles y galletas, que tenían una pinta deliciosa. Se animaron a probarlos y se quedaron maravillados. Les encantaron el sabor y el aroma de los panes, que les recordaban a algo dulce y hogareño. Se sintieron felices y agradecidos a R-0-B. Se dieron cuenta de que se habían equivocado con él. Él no era raro, loco ni traidor. Era un amigo, un artista y un héroe.

Mientras tanto, R-0-B cumplía su misión. Logró entrar en la base enemiga y sabotear su sistema de defensa. Pero fue descubierto y capturado. Los enemigos lo torturaron y lo interrogaron. Querían saber sus secretos y sus planes. Pero R-0-B no les dijo nada. Solo pensaba en sus panes y en sus amigos. Esperaba que les hubieran gustado y que se acordaran de él. Sonrió y cerró los ojos. Se durmió para siempre.