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El Zorro y la Grulla Ingeniosa

 

El Zorro y la Grulla Ingeniosa

En un frondoso bosque vivían muchos animales, pero dos de los más conocidos eran un zorro astuto llamado Zacarías y una grulla sabia llamada Greta. Zacarías siempre estaba buscando maneras de obtener más comida sin mucho esfuerzo, mientras que Greta era conocida por su inteligencia y justicia.

Un día, Zacarías vio a Greta pescando en el río. Con sus largas patas y su pico afilado, Greta atrapaba peces con facilidad. Zacarías, que tenía hambre y no quería esforzarse, pensó en un plan para engañar a Greta y quedarse con su comida.

«Hola, Greta,» saludó Zacarías con una sonrisa falsa. «He oído que eres muy buena pescando. ¿Te gustaría compartir tu almuerzo conmigo? Estoy muy hambriento.»

Greta, que no confiaba completamente en Zacarías, decidió ser amable pero cautelosa. «Hola, Zacarías. Claro, puedes unirte a mí, pero cada uno debe pescar su propia comida. Es justo, ¿no crees?»

Zacarías fingió estar de acuerdo. «Por supuesto, Greta. Tienes razón, eso es lo justo.»

Ambos comenzaron a pescar. Greta, con su destreza, pronto atrapó varios peces. Zacarías, por otro lado, apenas había atrapado uno. Mientras Greta estaba distraída, Zacarías se acercó sigilosamente y robó uno de los peces de Greta.

Greta notó la falta de su pez y rápidamente entendió lo que había sucedido. Decidió enseñarle una lección a Zacarías para que comprendiera el valor de la honestidad y la justicia. Greta pensó en un plan ingenioso.

«Zacarías,» dijo Greta amablemente, «parece que no has tenido mucha suerte pescando. ¿Qué te parece si vienes a cenar a mi casa esta noche? Prepararé una deliciosa sopa de pescado.»

Zacarías, emocionado por la perspectiva de una comida fácil, aceptó la invitación sin dudarlo. «¡Eso sería maravilloso, Greta! Nos vemos esta noche.»

Esa noche, Zacarías llegó a la casa de Greta con mucho apetito. Greta lo recibió cordialmente y lo llevó a la mesa. Sobre la mesa había dos jarras altas y estrechas, cada una llena de sopa de pescado. Greta comenzó a beber la sopa con su largo pico, mientras que Zacarías, con su hocico corto, no podía alcanzar la sopa dentro de la jarra.

Zacarías intentó una y otra vez, pero era inútil. «Greta, no puedo beber la sopa de estas jarras,» se quejó Zacarías.

Greta, con una expresión serena, respondió: «Zacarías, esta es la misma sensación que tuve cuando me robaste mis peces hoy. No es justo, ¿verdad? Pero te prometo que si aprendes a ser honesto y justo, siempre serás bienvenido a compartir una comida conmigo.»

Zacarías se sintió avergonzado y arrepentido. «Tienes razón, Greta. Fui deshonesto y egoísta. Lo siento mucho. Prometo que a partir de ahora seré honesto y justo.»

Greta sonrió y fue a la cocina. Volvió con dos platos hondos llenos de sopa de pescado. «Aquí tienes, Zacarías. Espero que disfrutes esta comida y recuerdes siempre la lección que has aprendido hoy.»

Zacarías comió la sopa con gratitud, sabiendo que había aprendido una valiosa lección sobre la honestidad y la justicia. Desde ese día, Zacarías cambió sus maneras. Empezó a cazar su propia comida y a ayudar a otros animales en lugar de engañarlos. Pronto, todos en el bosque notaron el cambio en Zacarías y comenzaron a respetarlo por su honestidad.

Greta y Zacarías se hicieron buenos amigos, y a menudo pescaban juntos en el río, compartiendo historias y risas. El bosque se convirtió en un lugar más armonioso, donde los animales trabajaban juntos y se trataban con justicia.


La moraleja de esta historia es clara: la honestidad y la justicia siempre prevalecen sobre el engaño. Zacarías aprendió que ser honesto y justo no solo lo hacía un mejor amigo, sino también un mejor zorro.